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EL LIMBO DEL DIVORCIO

Hay una situación muy particular, pero repetida en Chile: personas que ya no viven hace años con su cónyuge, pero que siguen casados. A esta situación tan repetida le llamamos en Defensa Ciudadana el limbo del Divorciado; no es un hombre felizmente casado ni un feliz divorciado.

En la mayoría de los casos este limbo se perpetúa porque el cónyuge debe una gran deuda por alimentos. Así, cada vez que intenta iniciar el juicio de divorcio, el juez le rechaza la demanda por la deuda. El artículo 55 inciso 3° de la nueva ley de matrimonio civil es clara al decir que se rechazará la demanda de divorcio por cese de convivencia, si el que la pide debe alimentos.

En Defensa Ciudadana optamos por arriesgarnos con varios clientes que se encontraban en esta situación, hemos tenido buenos y malos resultados, aquí compartimos nuestra experiencia. 

Primero, ante todo, quiero señalar cuál era nuestra motivación al tomar estos casos, sabiendo que legalmente nos rechazarían la demanda por la deuda. Cada vez que llega a nosotros una persona con un problema, tratamos de desenterrar su verdadero interés y las soluciones (incluso) más allá de un simple juicio. Muchas de estas personas sabían que su deuda les impedía ganar el divorcio, pero estaban afligidas pues ningún abogado les extendía la mano. Nos pusimos manos a la obra para crear estrategias más o menos viables, las cuales comprendían no solo iniciar el juicio, sino una fuerte negociación con la contraparte.

Por último, quisiera dar énfasis que, en teoría, si uno lee el artículo 55 de la ley mencionada, sólo hay rechazo de la demanda cuando se alega divorcio por cese de convivencia, no por otras causales como infidelidad, alcoholismo u otras culpables del otro cónyuge. ¿Esto es algo para ponerse a pensar no?

Caso de Manuel

Este hombre debía alrededor de 8 millones de pesos en alimentos y su exmujer e hijas la verdad es que lo odiaban, pues la las dejó tiradas. Iniciamos un juicio de divorcio por cese de convivencia (el cuarto que nuestro cliente había hecho), con la esperanza de llegar a un arreglo durante el juicio y poder divorciarlo. Sucede que la contraparte respondió bien a nuestra oferta, reduciendo el pago de la deuda; además tuvimos la suerte de los retiros de los fondos previsionales que lograron reducir significativamente la deuda. 

Sin embargo, hubo un saldo de deuda de 2 millones que nunca pudimos pagar y llegó la audiencia de juicio. Como sabíamos que íbamos a perder igualmente, optamos por una estrategia osada a efectos de preparar prueba para un posible nuevo juicio de divorcio (cuando Manuel pagara toda la deuda). El principal riesgo que teníamos que manejar era que la cónyuge pidiera compensación económica, si lográbamos demostrar que ella siempre trabajó mientras estuvo casada y que no tenía perjuicio alguno producto del matrimonio, podíamos reducir la compensación económica (quizás a 0). 

Realizamos una excelente interrogación confesional a la cónyuge, a quien pillamos por sorpresa y dijo delante de la jueza (en audio grabado) ser una persona plena laboralmente y que siempre había trabajado. Luego de eso nos desistimos de la demanda. La jueza y el abogado de la contraparte quedaron tartamudeando de la impresión jajajjaja. Al final la jueza se enojó y le cobró a Manuel 400 mil pesos por costas del juicio; pero no nos importaba, pues la única deuda que nos impedía el divorcio era la de alimentos. Esos 400 mil pesos ni había que intentar pagarlos pues tampoco la contraparte tendría herramientas para cobrarlos.

Bueno resulta que ahora llegó el tercer retiro de los fondos previsionales y Manuel podrá pagar toda la deuda. Ahora iniciaremos un nuevo juicio de divorico pero con el audio en que la cónyuge se delata de no merecer compensación económica. Aún así, no subestimamos este segundo round, será interesante ver cómo valora la jueza el audio y si da o no algo de compensación económica. Pero bien, creo que el objetivo de divorciar a Manuel se podrá lograr.

Caso de Juan Carlos

Este caso realmente lo sufrimos. Juan Carlos debía alrededor de 13 millones de pesos en alimentos, pero estaba casado en sociedad conyugal y había una casa de aproximadamente 35 millones que era de ambos cónyuges. No había problema en vender la casa y pagar la deuda con la parte de Juan Carlos, pero a este hombre lo odiaba tanto la familia que ni en un millón de años dejaría disolver la sociedad conyugal antes del divorcio. Entonces Juan Carlos estaba en un verdadero Limbo, no se podía divorciar por la deuda, ni podía pagar la deuda pues no podía vender la casa antes del divorcio. Terrible…

Lo peor de todo es que nos tocó litigar con la contraparte más difícil a la hora de negociar: la Corporación de Asistencia Judicial. Juzgue usted personalmente lo que digo… pero es muy difícil llegar a acuerdo cuando al abogado no le interesa su caso y en mi experiencia personal, es poco frecuente que a un abogado de la Corporación le interese realmente ayudar a su cliente. 

Al final, sabiendo todos que la demanda la rechazarían por la deuda, hicimos una propuesta con la abogada titular a cargo, la cual rechazó nuestra oferta de ceder la parte de Juan Carlos como pago de alimentos y compensación económica. Ellos nos dijeron que enviarían una contrapropuesta en unos días, lo que nunca llegó.

Tienen que saber el detalle de que la casa a vender era donde vivía la exmujer, por lo que a ella le interesaba quedarse con el total de la casa no venderla; por ello, ofrecimos cederle la mitad de la casa.

Al final, tras varios llamados, lloriqueos y brainstorm con nuestro cliente… dimos una posible solución a implementar. Nuestro cliente se quería divorciar, pues al estar casado no podía optar por un subsidio SERVIU y construir su propia casa. Ello pues su actual esposa ya había optado por uno y eso lo excluía a él de pedir uno (pues presuponen que vivían juntos en la casa subsidiada de su mujer). 

Ante la cero comunicación con la Corporación o la exmujer de nuestro cliente, optamos por pedir una separación judicial de bienes en la causa en la que estaban cobrando la deuda de alimentos. Nuestra estrategia (aunque elaborada y de laboratorio) era invocar lo establecido en el artículo 155 del Código Civil:

El juez decretará la separación de bienes en el caso de insolvencia (…) del marido

Era algo extraño lo que pedíamos, pues en una lectura rápida del artículo pareciera era una herramienta que debía ejercer la mujer y no el marido, pero nos enfocamos en argumentar que si había insolvencia del marido (cosa que estaba contundentemente probado en la causa) el juez tenía un mandato legal de separar de bienes a los cónyuges. Este era un mandato, no era algo opcional, si se daban las circunstancias el juez debía hacerlo. 

El juez ordenó notificar a la contraparte para que se defendiera antes de resolver el incidente, y en eso se han demorado 2 meses jajajja, estamos a la espera de qué pasara. Pero bueno, esperamos obtener algún resultado de esto, pues creo que lo que no puede decir el cliente es que no luchamos por él. 

Hola les hablo del futuro. Al parecer al final el tribunal nos rehazó el incidente (la verdad creo que ni siquiera le dieron lectura, sólo no les importó). Sin embargo ocurrió algo maravilloso, al contestar el traslado del incidente la contraparte nos ofreció una propuesta de arreglo: que diéramos el 50% de la casa + el 2° y el 3° retiro de Fondos previsionales.

Caso de Vanessa

En este caso, llegamos a buen puerto. Cuando esta clienta llegó a nosotros, nos habló pestes de su marido, como un mantenido y un fresco. Que le había dejado una deuda con el Banco por tener que financiar el matrimonio y la compra de la casa donde vivía la familia.

Al comunicarnos con él y tras reuniones por zoom con su abogada nos dimos cuenta que era distinto a lo expresado por nuestra clienta, él tenía muy buena voluntad. Se llegó aun acuerdo en el que pudimos divorciar a nuestra clienta y en la que el excónyuge (por compensación económica) se obligaba a pagar parte de la deuda con el banco, así descargando de nuestra clienta la mitad de las cuotas crediticias.

Y esto es muy común, que los roces emocionales de los clientes sean la causa del conflicto, no sus intereses reales. A veces uno como abogado llega más rápido haciendo de mediador; hay que ser parte de la solución no del conflicto.


Bueno estos son sólo algunos casos de los varios que tenemos del mal llamado Limbo del Divorcio, pero saben qué, creo a veces es mejor arriesgarse, el cliente necesita (a veces) alguien que luche por ellos más que traer una solución. Tengan en cuenta que el abogado sólo hace el 60%, el otro 40%, para triunfar, depende del juez y de las circunstancias de hecho del cliente.

Si tienes una opinión, réplica, comentario o simplemente quieres escribir un artículo por favor escribeme a gnpiedrabuena@defensa-ciudadana.com

Guillermo Nicolás Piedrabuena Parrochía, Defensa Ciudadana

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